Por: José Antonio Romero
joseantonio.romero@capitalintelectual.net
A pesar de que hemos pasado
quizás la época más difícil de nuestra historia, en la cual arriesgábamos la
vida a cada momento y que la necesidad de seguridad se anteponía a cualquier
otra cosa, en los últimos años nos hemos dado cuenta que no solamente basta con
estar en un clima de paz, sino que aún nos falta ese sentimiento de seguridad y
no solamente por los niveles de violencia que estamos viendo, sino que debido a
la incertidumbre que nos producen los continuos cambios que experimentamos y a
la sensación de que la vida está pasando y no encontramos oportunidades para
mejorar.
Esta situación, la
estamos enfrentando bajo dos puntos de vista: Algunas personas esperan que
alguien venga para que resuelva los problemas y por eso creen que la causa de
esta situación es la falta de un líder que tenga la fórmula maravillosa para
resolver nuestros problemas; otros creen que el problema es que los líderes
actuales no tienen la capacidad para resolverlos y que debemos resignarnos a
vivir así. Cualquiera que sea el grupo con el que te identifiques, tiene el
mismo problema: Se asigna a otra persona la responsabilidad por lo que le pasa.
ese es el “síndrome del espectador” es decir, la persona que está esperando a
ver qué le ofrece la vida, qué le dará el gobierno, qué le dará la empresa en
donde trabaja o qué le dará quien sea; o lo que es peor, las personas que
simplemente están esperando ver qué les depara la suerte y dirigen su vida por
lo que les dice su horóscopo.
¿Cómo podemos pasar
a ser protagonistas y no espectadores? Pues decidiéndonos a hacer algo por
nosotros mismos. Debemos comprender que el presente es consecuencia del pasado y
el futuro será el resultado de lo que me proponga hoy, por lo tanto no puedo
pretender que mejore mi futuro si no emprendo alguna acción concreta hoy. No
importa la etapa de nuestra vida en la que nos encontremos, siempre podemos
construir si mantenemos la resolución de hacerlo. Yo soy el único responsable de
mis resultados y si no estoy obteniendo lo que quiero es porque algo estoy
haciendo mal.
Todos quisiéramos
sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que hemos logrado, nos gustaría ser
personas de éxito y que nos reconozcan como tal, pero, ¿Qué es tener éxito?,
¿Cómo se puede lograr?. Cuando leemos acerca de personas que consideramos
exitosas, nos damos cuenta que una característica común de todas ellas es que
tienen claro lo que quieren y se esfuerzan por conseguirlo; por lo tanto si
quieres tener éxito debes preguntarte ¿qué quiero lograr? y ¿qué debo hacer para
lograrlo?
Para contestarse la
primera pregunta muchas personas se enfocan en la parte material, en lo que
quisieran tener, pero el éxito no radica en LLEGAR A TENER sino que en LLEGAR A
SER. No es lo mismo llegar a tener una familia que llegar a ser un buen padre o
madre de familia, llegar a tener un trabajo que llegar a ser un buen trabajador;
No es lo mismo llegar a tener una profesión que llegar a ser un buen
profesional.
Desafortunadamente
estamos en la era de la comodidad y los avances tecnológicos, los cuales nos
permiten o nos ofrecen, tener lo que queremos sin esforzarnos. El poder
adelgazar sin hacer ejercicio, hacernos millonarios raspando un papelito, o
aprender inglés dormidos son algunos ejemplos de esta realidad. Esto nos ha
llevado a casi crear una cultura del mínimo esfuerzo, buscamos un trabajo sin
complicaciones, sin dar más del mínimo requerido, en donde yo hago como que
trabajo y la empresa hace como que me paga.
Es necesario
recuperar la conciencia de que el esfuerzo es una virtud, no un castigo. La
persona que mantiene un cuerpo sano libre de drogas genera auto confianza y
respeto por sí mismo. El trabajador que se esfuerza por realizar un trabajo de
calidad se siente satisfecho consigo mismo y disfruta lo que hace. La persona
que busca mejorar sus conocimientos, está mejor preparado para enfrentar el
futuro y aprovechar las oportunidades que se le presenten. La vida es una
combinación de decisiones y responsabilidades. Somos libres de decidir lo que
queramos pero debemos responsabilizarnos por las consecuencias de esta decisión.
Eres libre de estudiar o no, pero tienes que afrontar las consecuencias de tu
decisión. También eres libre de tener un hijo o no, pero si lo haces, tienes la
responsabilidad de mantenerlo y educarlo.
¿Quieres
verdaderamente mejorar como persona? Pues comprométete contigo mismo y prepárate
para mejorar. Compromiso significa una promesa hecha a sí mismo. Imagínate que
poderosa esta promesa: “Me comprometo a ser mejor cada día” esta promesa nos
demanda un esfuerzo por construir o reconstruir; el simple hecho de hacerlo nos
inicia en el camino al éxito, luego vienen los fallos, los errores, las
equivocaciones, es parte de la vida y es lo que forja nuestro carácter y nos
permite sentir la satisfacción de vencer obstáculos.
Todo proceso de
mejoramiento requiere esfuerzo, nada es gratis en la vida, pero este esfuerzo
vale la pena, es lo correcto y es alcanzable, lo que a veces falla es nuestra
firmeza para llevarlo a la práctica, necesitamos tener la voluntad de
realizarlo; Teresa de Ávila lo puso en una hermosa frase: “Aunque me canse,
aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera”.
Vivir comprometido
es vivir plenamente, es ser propositivos con nosotros mismos tomando como base
del desarrollo nuestros valores, dedicación y esfuerzo diario. Estos medios
humanos se fundamentan en nuestra fe en Dios, esa es la verdadera razón de
nuestra confianza, Dios no nos impone tareas sin darnos la fuerza para
lograrlas. Pase lo que pase, no podemos dejarnos vencer por la impaciencia o la
ansiedad. Si fortalecemos nuestros valores y perseveramos en nuestra fe jamás
nos sentiremos víctimas de las circunstancias, siempre tendremos la voluntad
firme y nadie nos la podrá arrebatar porque está basada en el compromiso.
Si intentas
solamente lo que está seguro de lograr, tendrá algunas satisfacciones en la
vida; pero si intenta muchas y algunas le salen bien Usted será una persona
exitosa.