Por: José Antonio Romero
joseantonio.romero@capitalintelectual.net
En los últimos meses, se ha visto una reducción grande en las capacitaciones en
las empresas, y muchas de ellas, a estas alturas ya han suspendido e incluso
eliminado los planes de capacitación que habían calendarizado.
Es claro que la situación económica ha hecho que las empresas se replanteen la
necesidad de invertir en capacitación, ya que están con planes de reducciones de
gastos, reducción de inversiones y hasta de personal (irónicamente cuando se
debe vender más) con el objetivo de mantener los márgenes de ganancia o mantener
los precios reduciendo gastos. Por otro lado, la competencia se vuelve más
agresiva, ya que al reducirse la demanda, el pastel se vuelve más pequeño y para
mantener mi participación debo ganarle mercado a la competencia.
Teniendo este marco de referencia, surge la pregunta: ¿Quién hace la diferencia
en esta nueva realidad del mercado? Pues ES LA GENTE! Y esa gente que hace la
diferencia necesita estar mejor preparada para enfrentar los nuevos retos,
necesita nuevas habilidades para ser más productiva y las empresas por su lado
necesitan ser más creativas para mantener la motivación, para comprometer aún
más a sus empleados y ponerle mayor pasión a lo que se hace. Además deben
trabajar en el clima interno para que esta presión de los negocios no recaiga en
el trato a los colaboradores. El personal necesita estar con una actitud
positiva para marcar la diferencia frente a los clientes y consumidores, para
trabajar en equipo con sus compañeros y enfocarse aún más en lograr los
objetivos del negocio.
Al eliminar la capacitación, estamos mandando un mensaje posiblemente no de
austeridad, sino de incertidumbre y negativismo, reforzando el axioma: mientras
más difíciles estén las cosas….más bruto tienes que estar.
Muchas empresas no están en condiciones de desarrollar un plan de capacitación
extenso, sin embargo aún quieren hacer algo, entonces tienen que preguntarse:
¿Que quiero lograr con la capacitación?, ¿cuál es el objetivo? ¿Cuál es el
problema más crítico que quiero resolver? ¿Qué tipo de capacitación me dará el
mayor impacto? ¿Qué tipo de seguimiento necesito dar para asegurar el retorno de
la inversión? Si podemos invertir un poco, que verdaderamente sea inversión y no
gasto.
Si decide desarrollar eventos de capacitación, debe asegurarse que la empresa o
el consultor que le ayudará, conoce y comprende la situación de su empresa, que
sabe del tema, no porque haya leído un libro o porque haya asistido a un curso y
ya se considere consultor, sino porque además de conocer del tema tiene
experiencia práctica y le proporcionará herramientas de aplicación en su empresa
y porque le dará el seguimiento adecuado para ayudarle a lograr los objetivos
propuestos con la capacitación.
Una de las áreas críticas para mantener las capacitaciones es ventas: como
vender en épocas de crisis, como lograr sinergia entre los vendedores, cómo
prospectar más y mejores clientes, cómo prepararme mejor antes de visitar a un
cliente. Pero ventas no solo se refiere al área de ventas, debemos hacer que
todos en la empresa se vuelvan vendedores, que no vayamos a perder un cliente
por una mala gestión de cobros o porque no se le despachó el producto a tiempo,
o porque a alguien de finanzas se le olvidó hacer la facturación o simplemente
le dijo al vendedor “regresa mañana que ahorita no tengo tiempo”.
Antes de pensar en eliminar las capacitaciones, piense mejor en qué es lo que
realmente necesitan sus colaboradores para ser más productivos, para formar
equipos de trabajo más efectivos, para estar más comprometidos con su
organización, para dar más y mejores resultados, para producir más con menos
recursos. Una vez identifique lo que necesitan, asegúrese de que quien le ofrece
dárselo es una persona o empresa que sabe lo que hace, que tiene experiencia en
ese campo, que puede darle el seguimiento necesario para que lo aprendido se
aplique en su empresa. Si encuentra esa empresa, no tema invertir en el
desarrollo de sus colaboradores para que estén mejor preparados y convencidos de
que vale la pena esforzarse por su empresa, que vale la pena dar un esfuerzo
adicional, que debemos trabajar unidos para enfrentar la crisis, esa es la
cultura organizacional que debemos construir.