Culpar a otros
Responsabilizar de tus actos a otros es una de las formas
más comunes de auto sabotaje, y tiene que ver con la baja autoestima y la
imposibilidad de aprender de los errores propios.
En el trabajo estas actitudes se manifiestan
frecuentemente, y ocasionan una baja productividad, además de un ambiente
laboral tenso.
Todos tenemos un yo saboteador que no se toma las cosas en
serio, prefiere la diversión y celebra éxitos antes de obtenerlos; no es raro
que esta parte inconsciente tire por la borda el esfuerzo.
Al no reconocer los fracasos propios es imposible aprender
de los errores y darles solución.
Ser la víctima
El otro extremo de este yo inconsciente es convertirse en
la víctima eterna: la autocompasión se encarga de paralizar cualquier acción, y
lo que menos necesita una empresa es alguien incapaz de reaccionar ante un
problema para resolverlo.
Auto compadecerse y ser el mártir de la oficina no ayuda a
conservar un empleo, sino todo lo contrario: aquellos trabajadores que siempre
se quejan y se culpan son los primeros en salir en los recortes de personal,
pues nadie quiere que esta actitud se contagie a la plantilla restante.
De nada sirve preocuparse si no actúas al respecto, un buen
consejo es ver dónde están los errores, tomar la responsabilidad que te
corresponde, y solucionarlos.
No tener metas
En esta época de crisis, los empleados que una empresa
necesita son aquellos capaces no sólo de hacer tareas múltiples, sino de
comprometerse y exceder sus expectativas de trabajo.
Así que si quieres evitar ser recortado es hora de que
establezcas metas definidas en tiempo y forma.
Una excelente forma de tranquilizar a ese yo saboteador es
pensar en lo que se desea y empatarlo con el trabajo. Nunca deben fijarse metas
demasiado ambiciosas o poco realistas, pues conducen a la frustración.
Dejar que las oportunidades pasen frente a ti sin tomarlas
por miedo al fracaso es una forma de destruir tu empleo, asegúrate de definir
tus objetivos.
Descuidar los detalles
Hay pequeñas acciones que traen grandes aciertos o
descalabros.
Generalmente los empleados minimizan detalles como la
vestimenta, puntualidad, forma de hablar o de dirigirse al jefe y su
comportamiento dentro de la oficina.
El secreto está en ser coherentes con lo que se quiere y
cómo se actúa para conseguirlo.
Por ejemplo, si te dan un ascenso o tienes una reunión
importante por la mañana, es ilógico que decidas celebrar con tus compañeros
hasta tarde y llegar en malas condiciones, pues lo único que proyectarás es que
no te interesa tu trabajo.
Descuidar los detalles por pensar que carecen de
importancia. Los aspectos no son la clave en sí, sino que proyectan falta de
interés y calidad.
No sentirse merecedor
Son muchas las personas que están seguras de que el éxito
no es para ellos.
Luchan por conseguirlo, se esfuerzan, lo intentan, pero al
final no lo logran.
Estas personas tienen en su inconsciente la semilla del
fracaso, la orden de “eso no es para ti... tú no vales... tú no puedes, etc.”…
porque nunca han cuestionado cuál es su deseo real.
El humano es el único animal que tras varios meses o años
de esfuerzo, cambia repentinamente de objetivo y arruina todo el trabajo de ese
tiempo.
Antes de darle gusto a tu yo saboteador, recuerda que en
este momento el sentirse insatisfecho o deprimido no impedirá a tu empresa
despedirte, por lo que es mejor cambiar tu actitud y apoyarte en tu creatividad
para demostrar que eres un elemento valioso.